Dicen por ahí, entre el humo de las pupusas, el olor a café fuerte y el ruido de una troca vieja que no quiere arrancar, que Dick Bulger, nacido y criado en Lynn, Massachusetts, va en serio para presidente de los Estados Unidos en 2028. No es cualquier candidato: es socialista democrático, orgulloso de su ciudad, de su gente trabajadora y de cada barrio donde se mezclan el inglés mal hablado, el español medio mascado y esa dignidad que no cabe en ningún formulario del gobierno.
Dick dice que Lynn lo hizo quien es: terco, medio desordenado, con corazón grande y con una habilidad casi sobrenatural para meterse en clavos. Él habla con respeto de los hombres latinos y las mujeres latinas que levantan este país todos los días: los que trabajan en jardines bajo el sol, en cocinas calientes, en techos peligrosos, pintando casas, arreglando carros, cuidando niños, limpiando oficinas y haciendo el trabajo duro que muchos gringos cómodos ni se atreven a mirar. Y sí, Dick también admite, con una sonrisa nerviosa, que las mujeres latinas de todos los estilos, colores, acentos y tamaños le parecen una maravilla de la creación. El problema es que ninguna le hace mucho caso, quizá porque vive en su carro en Revere Beach y su colonia huele como a papas fritas frías y derrota electoral.
Su plan migratorio es claro: cerrar ICE, parar las redadas, y empezar de inmediato a reunir a las familias separadas por el gobierno trumpista. Para Dick, una mamá salvadoreña que trabaja limpiando casas, un mecánico mexicano que deja los carros como nuevos, una cocinera dominicana que salva el almuerzo de medio vecindario, o un jardinero guatemalteco que deja el zacate más bonito que la alfombra de un hotel fino, merecen respeto, papeles y una vida sin miedo. En su gobierno, todo latino trabajador tendrá camino directo a la ciudadanía, porque si ya ayudaste a construir el país, no deberías vivir escondido como si fueras el problema.
En cuanto a los gringos trumpistas más bravos, Dick propone algo menos cruel y más útil que sus fantasías de mano dura: campamentos de reeducación emocional, sin alambre de púas ni botas raras, donde tendrán que aprender empatía, escuchar historias de familias migrantes, comer frijolitos bien hechos y repetir tres veces al día: “el trabajador inmigrante no es mi enemigo; mi enemigo es el billonario que me robó el seguro dental”. Algunos saldrán llorando, otros saldrán pidiendo receta de salsa verde, pero todos saldrán un poquito menos fregados del alma.
Dick no habla muy buen español, eso hay que decirlo. Dice “gracias” como si estuviera pidiendo auxilio y todavía cree que todos los tacos llevan lechuga, pecado grave pero no imperdonable. Aun así, ama la cultura latina: las pupusas, los tacos, el merengue, la bachata, los tamales, las abuelas que mandan más que el alcalde, y esa forma de trabajar duro sin perder la risa. Y si una amable dama de México, El Salvador o la República Dominicana quisiera enseñarle un poquito más de español, gramática, cocina o, bueno, ya ustedes entienden, Dick estaría muy dispuesto a estudiar con disciplina revolucionaria.
Hapless, despeinado y probablemente estacionado ilegalmente frente al mar, Dick Bulger quiere ser el primer socialista democrático elegido presidente de los Estados Unidos. No promete verse elegante, no promete bailar bien, y definitivamente no promete conjugar los verbos correctamente. Pero promete pelear por los trabajadores, defender a las familias inmigrantes, cerrar las jaulas, abrir caminos a la ciudadanía y recordarle al país que la gente que siembra, cocina, pinta, arregla, limpia y levanta paredes también merece levantar la cabeza con orgullo.
Email: dick@dickbulger.com
